Filemón 1:11
La primera historia es de un esclavo en tiempos del
Señor Jesús, de nombre Onésimo, que pertenecía a un miembro de la iglesia
llamado Filemón, pero este había escapado a Roma, donde se encontró con el
Apóstol Pablo, el cual le predico de Cristo. Al tiempo, Pablo en aras de hacer
lo correcto, le mando de regreso con su amo, pero a su vez con una carta, la
cual hoy forma parte del Nuevo Testamento, la cual lleva por nombre
"Filemón". En dicha carta, Pablo dice lo siguiente respecto del
esclavo: "El cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, Filemón 1:11".
La segunda historia es sobre la aplicación de lo anterior,
cuenta una historia, que estaba un niño de pequeño y junto a él, un familiar
muy cercano, el cual, cada vez que quería hablarle al niño, siempre le decía
"inútil" en lugar de llamarle por su nombre . Un día una maestra le
enseño a este niño que no debía dejarse llamar así por nadie, pues aún como
niño tenía derechos. El niño al entender esto, trato de enfrentar a su familiar
, diciéndole que no debía llamarle inútil pues estaba lastimando su autoestima,
a lo cual el familiar respondió con burla y siendo indiferente a la petición
del menor. Tiempo después, dicho niño creció y olvido este sucedo. Empezó a
asistir a una pequeña iglesia y al tiempo conoció de Cristo. El ahora joven,
servía a Dios en la iglesia, y empezó a leer la Biblia, un día, Dios a través
de su Palabra le hablo al niño interior que moraba en el joven, haciéndole ver,
que en aquellos años de infancia, El veía su sufrimiento, pero ahora al igual
que Onésimo (el esclavo de Filemón) él era útil, que si en otro tiempo fue
inútil para ese familiar, hoy era de mucho valor para la obra de Dios.
Las cosas que Dios hace en la vida de las personas son
maravillosas, Él nos llama de una forma tan tierna (Onésimo es un juego de palabras griegas que
significa útil). Y nos hace ver que el sufrimiento que hemos pasado, Él no lo
olvida, si no que por el contrario, nos consuela y nos llena de su paz y amor.
Como seres humanos tendemos a guardar lo que nos causa dolor en algún rincón de
nuestro corazón, pero Dios en su gracia, nos quita ese dolor de raíz. Al toque
de Dios en la vida de cada persona, puede llevarle a donde nunca ha imaginado,
sin importar como le han llamado o tratado, Dios es capaz de transformar vidas
y restaurar corazones.

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